Vuelta a la montaña: Mulhacén 3.479

Vuelta a la montaña: Mulhacén 3.479

Cuando pusimos en marcha el grupo de inmersión al trail o correr por la montaña, pensábamos en crear un pequeño grupo de iniciación para salir al medio natural más cercano para correr por nuestros cerros. Como en todas las cosas donde entra la pasión se nos fue de las manos, así que su puesta en marcha consolida un grupo senderismo y excursionismo que de mano de Manel e Isa buscan simplemente disfrutar con amigos de la montaña y sus paisajes. Ellos dos tienen al Mulhacén como montaña fetiche, la más alta de la península, cima que les sirve para montar un viaje en cualquier momento y proponérselo a alguno de nuestros intrépidos novatos. La pasada semana la tía trocha Yolanda y el tío troncha Iván tocaron cima. Manel y Yolanda nos lo cuentan con dos visiones muy diferentes.

El cm menos dicharachero

Manel planifica y prepara un viaje, siempre

Por fin llega el día ,planificado con 3 meses de antelación, el grupo es reducido de las 10 personas más menos que íbamos a ascender nos quedamos en 4 , pero no importa a Isa y a mí nos hace especialmente ilusión poder subir a la cima a Yolanda e Iván. Supone un gran reto para el que se han estado preparando meses con mucha ilusión pero también con inquietud y dudas.

Sabemos de otras ocasiones que se trata de un ascenso con escasa dificultad técnica pero requiere una muy buena condición física debido a su elevado desnivel 2000 metros positivos en 11,5 km de distancia.
Llegó el día y pasamos la noche en Trevélez , para iniciar el ascenso a las 7 de la mañana todavía de noche , con un tramo urbano ya en cuesta tipo calle copa (la calle de Puertollano que supera el 25% de pendiente). Pasados cuarenta minutos el día nos hizo visible la montaña y puso delante de nosotros el refugio de la Campiñuela al que llegamos tras dos horas de camino. Paramos a cumplir la pauta establecida en nuestra charla previa donde decidimos para a comer cada a menudo algo tipo barritas , frutos secos, con el objeto de evitar pájaras y recargar energías.


Desde el refugio nos dirigimos por una pradera que nos da un poco de tregua a las Chorreras para subirlas por el margen derecho y ya llegar a 7 lagunas ya a 2880 metros de altura, donde realizamos otra parada ya divisando el objetivo del Mulhacén, ‘solo’ a tres kilómetros y 700 metros de desnivel.

Cuando empiezas a andar ya cerca de los tres mil metros a nivel del mar el corazón se dispara y notas la densidad del aire al respirar, es una sensación que te hace bajar el ritmo y tomarte con calma el ascenso, pasadas la una del mediodía conseguimos cima los cuatro. Momento emocionante para todos pero muy especial para Yolanda e Iván tras el esfuerzo derrochado, he de decir que para Isa y para mi también fue especial ya que no siempre se llega a lo más alto, como comprobamos en el Aneto.

Nos fundimos todos en un abrazo, disfrutamos de las vistas y nos hicimos muchas, pero que muchas, fotos. Antes de comer para bajar esta vez por la ruta más relajada para llegar a ritmo disfrutón a Trevelez sobre pasadas las seis de la tarde. descansamos ,comemos y empezamos el descenso ,bajando por la misma ruta sin mayor dificultad ya relajados y disfrutando de las vistas sobre las 18:30 llegamos a Trevélez.

La tía Troncha Yolanda en la cima

La experiencia de la primera montaña como tía Troncha

Mi experiencia subiendo desde Trevélez al Mulhacén la hicieron extraordinaria los experimentados compañeros Manel, Isa e Iván, que se mostraron solidarios y fueron en todo momento un apoyo incondicional para conseguirlo. Desde la forma de alimentarse aunque no tuviera hambre, a los ánimos cuando las fuerzan decaían o me sentía directamente superada por el cansancio de la subida y el tiempo caminando. Ellos me infundieron fuerza e ilusión para llegar a la cima, tras subidas para mi impensables como las de siete lagunas, ahí ya tenía a la vista el objetivo pero para mi era aún muy lejos. Cuando miraba hacia arriba veía cordones de personas como pequeñas luces de colores que coronaban los más alto de la península. Un momento en el que la tía troncha Isa me dio un empujón de ánimo que me vino como veinte barritas energéticas, mi cabeza volvió al principio y mis piernas superaron un punto de cansancio que hubiese nublado mi aventura. Mientras las nubes bajaron a la vez sentí como bajo también la temperatura, en el peor momento pero ya era imparable y había decidido seguir hacia delante, conseguir mi objetivo que había preparado durante estos meses previos.

Antes de contaros la llegada quiero expresar mi agradecimiento con mis compañeros, en la montaña rodeada de buena gente supone compartir sensaciones pero también cargas, compartir es vivir dice el presi troncha, pues en esta vida de subida compartir mochila, agua, comida, risas y esfuerzos lo son todo, incluso la camiseta troncha que Manel sacó de la mochila y que me quedo, gracias Manel.

😉

Llegar a la cima es lo más, vivir esa sensación de cumplir ante tanta inmensidad no os lo puedo contar, hacedlo, vivirlo, pero sí os puedo contar cómo es el placer de llevar compañeros como Ivan que hacen más amenas las aventuras, no hizo reír a carcajada limpia, sus chistes, anécdotas y experiencias vividas también hicierón inolvidable el camino, mientras las más de cuatro horas de bajada también se hicieron duras físicamente por el cansancio acumulado.

Los montañeros que nos encontrábamos varias veces en diferentes puntos del camino nos animábamos mutuamente, no faltó quien nos hiciera fotos de grupo, quien nos ofreció un filtro para purificar agua de la cascada si nos faltaba agua, .…
Mi conclusión es que la ruta la hace grande la compañía que lleves y la gente que te encuentres, sin olvidar el destino que era llegar a lo más alto de la Península Ibérica, rozar el cielo y allí estuve, lo disfrute y agradezco a mis tres compañeros Manel, Isa e Iván su compañía en este gran reto cumplido, gracias TRONCHA COMPIS, y nos vemos en la próxima.
Yolanda, tía troncha con un Mulhacén a la espalda.

Video realizado por Yolanda