Cómo dibujar un sendero en familia | Historias Troncha

Cómo dibujar un sendero en familia | Historias Troncha

Los Troncha Cerros tenemos verdadera pasión por nuestro entorno natural, especialmente por los dos cerros que conforman la orografía que da nombre a nuestra ciudad, Puertollano. El cerro Santa Ana y San Sebastián son lugares idóneos para utilizarlos en el día a día, verdaderos ‘centros de alto rendimiento’ para entrenar; un territorio para que cualquier aficionado comience en el Trail, también para que niños y niñas disfruten del deporte en la naturaleza.

Disfrutar en la naturaleza con el deporte son ‘late motive’ de la historia de un padre troncha, Ángel Mozos, que cuenta cómo en familia combinan pasión, esfuerzo, deporte y naturaleza para aficionar a sus hijos adaptando senderos para su uso deportivo con todo el respeto necesario para ello.

¡Disfrutadlo!


La bajada de los ‘mozos’

Ángel en el mirador del sendero

Hacía tiempo que lo tenía en mente, pero fue la salida del confinamiento lo que nos animó definitivamente.

La idea partía del hecho de que, siendo la zona del cerro de Santa Ana un entorno natural muy cercano a la población y muy disfrutable en bicicleta, resultaba necesario contar con mucha técnica y buena montura para poder hacer una ruta, por pequeña que esta fuera. Muy en particular me lamentaba porque los jóvenes de nuestra ciudad no podían disfrutarlo, a pesar de encontrarse tan “a mano”.
Pero no sería porque no lo fuéramos a intentar. Cuando al principio del verano de 2020 nos permitieron salir una hora, y viendo que se encontraba dentro de nuestro radio nos lanzamos a la tarea.

Antes habíamos estudiado un poco la zona mirando mapas en internet. Nuestro cerro es un poco agreste y en verano hay zonas con muy poca vegetación, queríamos que nuestra ruta contara con sombra y abundante vegetación. Fue muy agradable percatarnos de que esos cerros estaban mucho más secos hace unos años, ¡sería una pena no poder disfrutarlos ahora! La primera opción era aprovechar las laderas que dan al norte, las que sufren menos meses de sequía al año y, créanme, las que en los meses húmedos son un espectáculo de vida. Encontramos una zona así en la parte derecha (según asciendes) del camino del molino, la cual, además contaba con una masa de pinos fruto de una reforestación. Además, nos ofrecía la posibilidad de realizar alguna ampliación a futuro por más zonas repobladas de pinos. Sobre el papel parecía inmejorable.

Pero cuando comenzamos la labor de campo no resultó tan sencillo. Cuando estás sobre el terreno, con vegetación y piedras por todas partes no resulta fácil saber cuál es la mejor dirección. Cada jornada teníamos que subir a la ladera de enfrente para vislumbrar por dónde avanzar ese día. Luego, con la imagen mental en la cabeza abríamos un paso de apenas un palmo de anchura. Siempre lo hicimos intentando en la medida de lo posible usar los pies en vez de las herramientas, excepto donde había que construir algún peralte o el paso era difícil. Tras abrir ese estrecho paso lo transitábamos una y otra vez para comprobar cómo la orografía y la vegetación nos daba el perfil definitivo. Mi obsesión era no dañar las plantas, las hierbas pronto nos cedían el paso, pero algunos arbustos precisaron que los apartáramos un poco atándolos a otros cercanos y así dejarnos paso sin dañarlos.
El terreno nos puso en nuestro sitio y poco a poco iba definiendo el proyecto definitivo. Dividimos en sendero en 4 tramos: uno de pinos, otro de chaparral, un tercero también de pinos y el cuarto con una tupida vegetación mediterránea. En los dos últimos ya había un sendero que conectamos al nuestro y que apenas precisó de unas pasadas para “abrir” un poco más el camino. La Naturaleza se adueña de lo suyo en cuanto le damos la ocasión, y con el confinamiento se la dimos.

Señalética casera

El primer tramo no fue muy difícil. Esto, y que el trazado se antojaba divertido, con varias bajadas por las terrazas practicadas para la repoblación, dio muchos ánimos a mis pequeños. Y les iban a hacer falta. Jesús y Adrián, con sólo 12 y 10 años respectivamente día sí, día también tenían que subir cargados con guantes, herramientas, cuerdas,….y lo que las primeras semanas era un vergel se tornó en un campo de hierba seca, pinchos y abrojos por doquier,…ya sabéis. En pleno verano tuvimos que bajar el ritmo. Dejamos sin abrir el principio y el final de cada tramo para evitar que la gente entrara y se perdiera o, peor aún, que abriera camino de cualquier manera. De hecho, en un pequeño trozo no pudimos evitarlo y alguien arrambló con un chaparro y una jara. Una pena, pero hemos podido constatar que tras el invierno se ha recuperado bastante.
Llegado el tiempo fresco comenzamos la tarea de nuevo con más ritmo. Los peques se impacientaban, pero yo sabía que con este proyecto iban a aprender muchas lecciones y una de ellas es que la paciencia lo puede todo.

Combinando tareas escolares, trabajos, obligaciones y aficiones con el proyecto poco a poco se veía la luz: nos planteamos tenerlo listo para Navidad, nos parecía un buen regalo para nuestros conciudadanos y unas buenas fechas para que fuera frecuentado y marcado definitivamente.

En las tardes lluviosas hicimos incluso unos carteles indicadores para que nadie se perdiera durante los primeros meses de uso. Sabíamos que no serían reglamentarios, pero de eso ya me encargaría con mis compañeros de la asociación Tronchacerros, que anda detrás de señalizar y publicar rutas por esos cerretes. 

Para elegir un nombre quisimos hacer alguna alusión a la motivación que nos movía a hacerlo, por eso elegimos “Los mozos”, en alusión al sector de población al que iba destinado. Aunque no puedo disimular que la coincidencia con nuestro apellido me hace pensar que quizás dentro de muchos años, cuando quizás no vivamos aquí, mis hijos se sorprendan reconociéndose en un sendero que aún usen los nuevos habitantes de su pueblo.

La salida a la luz llevó un poco de retraso, no pudo ser antes del 17 de enero de 2021, pero fue un éxito. Durante las Navidades nos esmeramos en dejar todo el trayecto lo más visible y cómodo posible y, tras abrir los últimos metros de cada tramo y poner las indicaciones mínimas, lo dimos a conocer a través de las redes y Wikiloc.

Aún nos quedan ciertos detalles, como indicar el mirador y la zona de avistamiento de fauna (tantos meses te da para pensar en todo, jejeje) pero ya hemos podido constatar mucha aceptación. Curiosamente más entre los runners que entre los ciclistas, la vida te depara ese tipo de sorpresas. Pero nos sentimos contentos de hacer las visitas al monte de esos deportistas un poco más divertidas y nos bastaría con saber que uno más de nuestros vecinos se animó a subir al monte y lo disfrutó. Tan cercano y tan desconocido a la vez, hubiera sido una pena no haber intentado hacerlo más próximo y accesible.

Ángel Mozos.

LosMozos en Strava

Pincha y enlaza al Wikiloc para descargar los tracks de la Bajada de los Mozos